El director de orquesta Pablo González nos presentará en los conciertos de los próximos 9, 10 y 11 de marzo en el Auditori de Barcelona el contraste entre las dos primeras sinfonías de los compositores más destacados del Romanticismo alemán: Ludwig van Beethoven vs. Johannes Brahms. González dirigirá a la Orquesta Simfònica de Barcelona i Nacional de Catalunya en los conciertos cuyo repertorio componen la Sinfonía núm. 1 de Beethoven y de Brahms.
David Breckbill, doctor en musicología por la Universidad de California en Berkeley, explica en 1001 discos de música clásica que hay que escuchar antes de morir el interés tardío de Beethoven por las sinfonías: “Beethoven compuso obras en géneros muy diversos antes de dedicarse a la sinfonía, y este primer esfuerzo en ese campo se considera a veces poco acertado en comparación con sus anteriores y posteriores composiciones”. A pesar de ello, la Primera Sinfonía del compositor alemán está repleta de delicias y sorpresas. Breckbill describe así esta composición: “La lenta y famosa introducción comienza con un acorde que exige una inmediata resolución en una nota que no es la tónica; el segundo movimiento revela su condición de lento incluyendo un pegadizo perfil rítmico y una parte prominente para el timbal; el tercero es un enérgico pero elegante scherzo; y el tema del finale comienza con una escala ascendente que se va ensamblando progresivamente en el curso de la breve y lenta introducción”. A diferencia de las sinfonías de Haydn y Mozart, en la sinfonía de Beethoven los vientos tienen una presencia consistente.
La grabación recomendada en 1001 discos de música clásica… es la que realizó George Szell junto a Orquesta de Cleveland en los sesenta, calificada como “una maravilla de oficio y perfección orquestal que sintetiza la energía infecciosa y la elegancia refinada sobre un fondo de diestro control y aplomo aristocrático”. También es muy destacable la interpretación de la Filarmónica de Viena bajo la batuta de Christian Thielemann, que podéis escuchar en el siguiente vídeo:
Setenta y seis años después de la Primera Sinfonía de Beethoven llegaría la de Johannes Brahms, en 1876, que generó grandes expectativas dada la tardanza del compositor en ofrecerla al mundo. En 1868 Brahms envió una felicitación a Clara Schumann con el tema del cuerno alpino del finale, de lo que se deduce que para entonces ya había completado la obra. A juicio de Malcolm MacDonald, colaborador en 1001 discos de música clásica… , “esta sinfonía incorpora alusiones personales (la tensa y lenta introducción, de la que el primer movimiento toma el material, emplea la forma de altibajo, que tanto Robert Schumann como Brahms usaban para referirse a Clara Schumann)”. Asimismo, Brahms evoca la Primera Sinfonía de Beethoven “en la clave principal en do menor y en el movimiento ágil, apresurado, a lo scherzo del allegro subsiguiente”. Eso sí, “los movimientos internos (un amable andante tipo romanza y un plácido intermezzo en lugar de los acostumbrados scherzo y adagios potentes de Beethoven) nos muestran a Brahms como un contemplativo romántico, seguidor de Schumann. Pero el último movimiento retoma el arquetipo beethoveniano con una tormentosa introducción de la que emerge la gran tonada del coro (emulando así el finale de la Novena de Beethoven)”.
Nuevamente la grabación de Szell se encuentra entre las mejores: ambiciosa y decidida, pero cercana y conmovedora a la vez.
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El intérprete de Nerva (Huelva) Javier Perianes ofrecerá el primer gran concierto del año de la nueva edición del ciclo de Grandes Intérpretes que organiza la Fundación Scherzo. El Auditorio Nacional de Música acogerá el primer recital de la XVII edición del ciclo el próximo 24 de enero, con un programa que incluye las obras de Franz Schubert Allegretto D. 915 en do menor y Sonata D. 960 en si bemol Mayor; cuatro preludios del Libro I (La sérénade interrompue, Le vent dans la plaine, La cathédrale engloutie y Minstrels) de Claude Debussy; así como cuatro Mazurcas (op. 17, nº 4 en la menor, op. 24, nº 2 en do mayor, op. 63, nº 3 en do menor, op. 67, nº 4 en la menor) y la Balada nº 4 en fa menor op. 52 de Frédéric Chopin.
Empecemos por el compositor austriaco Schubert, uno de los máximos exponentes del Romanticismo musical. Durante largo tiempo, sus últimas sonatas para piano fueron vistas con recelo por ser demasiado largas e introspectivas, especialmente la última Sonata en si bemol mayor, D960. “Actualmente, estas cualidades (lo que Schumann denominaba la duración celestial, y el delicado equilibrio entre tensión emocional y sublime contemplación poética) hacen que estas piezas se contemplen entre las obras para piano más respetadas de Schubert y de toda la música romántica para piano”, se puede leer en 1001 discos de música clásica que hay que escuchar antes de morir. De las numerosas y excelentes grabaciones de esta gran sonata, la de Mitsuko Uchida es especial por su inmaculado acabado pianístico y por la concentración que exhibe, aunque también es muy recomendable la interpretación de la pianista portuguesa Maria João Pires:
El compositor francés Claude Debussy había alcanzado toda la potencia de su madurez musical cuando compuso sus dos libros Preludios para piano solo. Como apunta Jessica Duchen en una de sus colaboraciones con los expertos de 1001 discos de música clásica… “[Debussy] transformó esta concisa forma musical, derivada de los Preludios y Fugas de Johannes Sebastian Bach y de las 24 piezas visionarias de Frédéric Chopin en obras claramente pictóricas”. Tras terminar sus Preludios, Debussy escribió: Solo los compositores tienen el privilegio de captar toda la poesía de la noche y el día, de la tierra y el cielo, de recrear su atmósfera y montar sus potentes pulsaciones dentro de una estructura rítmica. Duchen recomienda la grabación que realizó Krystian Zimerman en 1994, galardonada con el premio Gramophone al mejor disco del año.
Aunque la balada no es una música de programa, Chopin mezcla elementos líricos y dramáticos en cada una de sus Baladas. “La cuarta ha sido unánimemente reconocida como la más lograda, y se abre con una melodía nostálgica que, tras un inicio calmado, desencadena gradualmente una tormenta al más puro estilo de Liszt. El distinguido pianista polaco Krystian Zimerman se identifica a la perfección con estas piezas, aplicando no solo una amplia gama cromática, sino incluso encontrando la belleza dramática en cada compás”, apunta la editora y locutora Harriet Smith en 1001 discos de música clásica… No os perdáis esta magistral interpretación, el perfecto preludio para el concierto de Javier Perianes del próximo 24 de enero:
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Los próximos 6, 7 y 8 de enero el Auditori de Barcelona acogerá El concierto de Aranjuez, con la Orquesta Sinfónica de Barcelona y Nacional de Catalunya (OBC) como intérpretes, junto a la guitarrista XueFei Yang y bajo la batuta de Edmon Colomer. El repertorio del concierto de “Reyes” incluye La gazza Ladra de Rossini, el Concierto de Aranjuez de Rodrigo, la Simfonia Esparsa de Manel Oltra y Ma Mère L’Oye de Ravel.
La obra estrella del concierto será El concierto de Aranjuez (1939), de Joaquín Rodrigo, el concierto español para guitarra por excelencia, además de la obra más reproducida de la historia de la música occidental. Se interpretó por primera vez en Barcelona en 1940, y fue reconocida de inmediato como la obra de uno de los mayores talentos compositivos de España.
El crítico Rogert Thomas explica en 1001 discos de música clásica que hay que escuchar antes de morir que “Rodrigo, receptivo a muchas influencias que abarcan desde Scarlatti hasta Stravinski o desde el nacionalismo de Albéniz y Falla hasta la música morisca tradicional, comprendió los principios de la fusión musical postmodernista más de medio siglo antes de que llegara su momento”. Su ceguera producida por la difteria cuando contaba con tan solo tres años le obligó a componer toda su producción musical en Braille, dictando la música a un copista. Le concedieron una beca para estudiar musicología en París, pero se la retiraron durante la Guerra Civil, por lo que él y su mujer vivieron la segunda mitad de la década de los treinta en la más absoluta pobreza.
Yo me quedo con la interpretación del guitarrista Narciso Yepes, elegante y magistral:
El concierto finalizará con una obra idónea para compartir en familia: Ma Mère L’Oye, una suite de cinco piezas para piano a cuatro manos que compuso Maurice Ravel entre 1908 y 1910 para los hijos de su amigo Cipa Godebski. En 1001 discos de música clásica… se puede leer que “Mimi, la hija de Godebski, recordaba que Ravel le contaba cuentos: Me subía a las rodillas y él empezaba: Érase una vez… y contaba ‘Laideronnette’ o ‘La bella y la bestia’.”
Cada una de las piezas del conjunto tiene distinto carácter: “La Pavana de la bella durmiente del bosque es una nana melancólica; Pulgarcito describe vívidamente el vagar perdidos por el bosque después de que los pájaros se hayan comido las migas de pan que dejó para marcar el camino; en Laideronnette a una princesa asiática le dedican una serenata cantada por pequeñas figuras hechas de joyas, cristal y porcelana; La conversación de la bella y la bestia alterna el elegante vals de la Bella, estilo Satie, con los extraños gruñidos de la Bestia; y el finale, El jardín de las hadas, describe el dulce despertar de la Bella Durmiente al besarla el Príncipe”.
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El próximo martes 13 de diciembre, el intérprete norteamericano Murray Perahia ofrecerá un recital en el Auditorio Nacional de Música enmarcado en el Ciclo de Grandes Intérpretes que organiza la Fundación Scherzo. Después de diversos paréntesis en su carrera profesional provocados por varias lesiones en sus manos, regresa a España el intérprete de Nueva York para ofrecer el concierto de clausura de la XVII edición del Ciclo de Grandes Intérpretes.
Entre los años 2005 y 2008 el pianista y director de orquesta de origen sefardí se ha visto obligado a cancelar varios conciertos debido a una lesión en su mano que nació en la década de los noventa por una infección y una anomalía en los huesos.
La Suite Francesa nº5 en sol mayor de Johannes Sebastian Bach, la Piano Sonata nº 27 en Mi menor, op. 90 de Ludwig van Beethoven y las Cuatro piezas para piano, op. 119 de Johannes Brahms iniciarán un repertorio que continuará con las Escenas de niños, op.15 de Robert Schumann y el Prelude op. 28 nº 8 en fa sostenido menor, la Mazurka op.30, nº 4 en do sostenido menor y el Scherzo nº 3, en do sostenido menor, op.39 de Frédéric Chopin. Me gustaría repasar las principales piezas del repertorio, empezando por la Suite Francesa nº 5 en sol mayor de Bach, de la que los expertos del libro 1001 discos de música clásica que hay que escuchar antes de morir apuntan: “Al igual que las suites inglesas, las francesas también quedaron inéditas en vida de Johannes Sebastian Bach. Es muy poco probable que él las conociera con ese título, si bien ya se utilizaba nada menos que en 1762; pero ni estas suites ni las inglesas responden con claridad a su supuesta identidad nacional”. Recomiendan la grabación que realizó Davitt Moroney en 1990, que en el siguiente vídeo realiza una buena aportación:
Tras la interpretación de obras de L.V. Beethoven y J. Brahms, Perahia se adentrará en la música de Schumann y sus míticas Escenas de niños. Esta obra, a diferencia de su posterior Álbum para la juventud, no fue concebida para que los niños la interpretaran, sino para capturar diferentes instantáneas de la infancia. Se trata de trece piezas que, en palabras de Schumann a su amigo Carl Reinecke, eran reflexiones de un adulto para otros adultos. Tal y como reconoció el compositor alemán a Clara, parte de la inspiración pudo venir del recuerdo de un comentario hecho por ella, quien afirmaba que a veces le parecía un niño.
De entre las obras que interpretará el pianista neoyorquino de Chopin, me quedo con la Mazurca, la danza tradicional polaca a la que el músico dedicó buena parte de sus composiciones. Como rezan los expertos de 1001 discos de música clásica…, “técnicamente algunas mazurcas pueden estar al alcance del aficionado con talento, pero interpretativamente son exigentes hasta el extremo, y se necesita mucha sofisticación pianística para acercarse a un resultado satisfactorio”. El que más parece acercarse a ello es el intérprete Garrick Ohlsson, que en 1999 realizó una grabación que “capta plenamente toda la gama de visión de Chopin”.
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La Orquesta Sinfónica del Teatro Marinski, dirigida por Valeri Gérgiev, ofrecerá un concierto enmarcado en el Ciclo de Orquestas Internacionales del Auditori de Barcelona el próximo 12 de diciembre en la Sala Pau Casals.
Este concierto incluye tres de las mejores obras maestras del compositor ruso, habituales en el repertorio de la Orquesta Sinfónica Teatro Marinski: El pájaro de fuego, Petrushka y La consagración de la primavera. Una de las razones del éxito transgresor de Los Ballets Rusos fue su relación con el compositor Igor Stravinski, que escribió sus grandes obras maestras para que los interpretara la mítica compañía rusa y que ahora recrea la Orquesta Sinfónica del Teatro Marinski.
El pájaro de fuego (1910) es considerada la obra maestra de Stravinski y el primer fruto triunfal de su larga asociación con Los Ballets Rusos de Serguei Diaghilev. Los expertos de 1001 discos de música clásica que hay que escuchar antes de morir explican que “los padres de Stravinski desaprobaban su carrera de músico, pero recibió estímulo de Nikolai Rimski-Korsakov, cuyo espíritu se deja sentir en El pájaro de fuego, con su deslumbrante inventiva orquestal y su exotismo”.
No obstante, la originalidad de Stravinski queda clara en toda la obra, y la Danza infernal en particular está considerada como una anticipación de La consagración de la primavera. Precisamente, esta última es una de esas obras que, como la Sinfonía Heroica de Beethoven o Tristán e Isolda de Wagner, cambió el concepto de lo que una obra musical puede conseguir. “En sus primeros años, la reacción a La consagración se centraba en las armonías disonantes y bruscos saltos entre diferentes tipos de música. Con el tiempo se llegó a apreciar que la emancipación del ritmo como principal fuerza impulsora de la música era el verdadero avance en medio de la potencia devastadora de esta obra maestra”, se puede leer en 1001 discos de música clásica…
No obstante, aunque La consagración de la primavera estaba concebida para ser el segundo gran ballet de Stravinski, terminó siendo el tercero, justo después de Petrushka (1911). “Aunque no tan brutal, Petrushka es tan radical como La consagración de la primavera en su alejamiento del mundo sonoro de El pájaro de fuego, tan inspirado por Rimski-Korsakov”, apunta el experto musical Christopher Dingle. Se concibió originalmente como un concierto para piano y orquesta, pero Serguei Diaghilev convenció a Stravinski de que hiciera un ballet. Petrushka (el equivalente ruso de Pinocho) es una de las tres marionetas que actúan en la feria, propiedad de un viejo mago. Lejos de la multitud, Petrushka está secretamente enamorado de la marioneta bailarina e indignado por ser cautivo del mago. La obra se caracteriza por los potentes toques de trompeta y la sonoridad de los organillos, aunque “el gran truco de Stravinski consiste en contrastar la música automatizada y sin emoción de las personas con la más fluida y expresiva de las marionetas”.
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El próximo 18 de noviembre, la Sala 1 Pau Casals del Auditori de Barcelona acoge un concierto de la Orquesta Sinfónica de Barcelona y Nacional de Catalunya (OBC), bajo la batuta del director de orquesta Pablo González. El repertorio incluye el Adagio para cuerdas de Samuel Barber; el Libro de los secretos de Jesús Torres y la Sinfonía núm. 6 ‘Patética’ de Piotr Ilich Chaikovski.
Han pasado muchos años entre pieza y pieza, pero en todas estas obras se refleja la melancolía de un modo magistral. El concierto empezará con la obra más emblemática de Samuel Barber, compositor nacido en West Chester, en el estado de Pensilvania. Su tía fue la gran contralto estadounidense Louise Homer y antes de que Barber adquiriera fama como compositor también se distinguió como cantante. “Tal vez sea esta combinación de linaje y experiencia interpretativa lo que le otorgó una especial comprensión de la voz humana”, se puede leer en 1001 discos de música clásica que hay que escuchar antes de morir. De hecho, aun cuando Barber marcara su primer hito importante en el ámbito de la música instrumental, toda su música posee una cualidad casi cantoral, incluido el Adagio para cuerdas (1936). “Su carácter elegíaco y su noble elocuencia ha convertido esta pieza en el acompañamiento natural para momentos de duelo colectivo; se escuchó en los funerales de Albert Einstein, John F. Kennedy y la princesa Grace de Mónaco”.
Tras la magnífica obra de Barber, la OBC estrenará El libro de los secretos (2011), una obra encargada al compositor zaragozano Jesús Torres, uno de los creadores contemporáneos españoles más prolíficos.
El concierto finalizará con la Sinfonía núm. 6 ‘Patética’ (1896), la más poderosa de las que compuso Chaikovski sobre el sufrimiento, tal y como indica el subtítulo que le puso su hermano Modest, Patética. No es que cuando la escribió, en verano de 1893, estuviera sumido en un desespero con tendencias suicidas: aunque afirmaba haber llorado mucho durante su composición, estaba en pleno impulso creativo, y declaró: Es glorioso poder darme cuenta de que mi tiempo aún no ha acabado, y que puedo seguir trabajando. Su súbita muerte, ese mismo año, solo unos días después de haber dirigido el estreno de esta obra, alentó los rumores de que, como Mozart, había compuesto su propio réquiem. “Hay algunos aspectos de la obra que, ciertamente, lo sugieren: la misa rusa de difuntos se cita en el desarrollo del primer movimiento, y el final es un adagio lamentoso trágico, en el que la luz se extingue”, apuntan los expertos de 1001 discos de música clásica... Me quedo con la interpretación de la Orquesta del Teatro alla Scala de Milán, bajo la batuta de Yuri Temirkánov:
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El próximo miércoles 9 de noviembre el pianista alemán Christian Zacharias ofrecerá un concierto en el Auditorio Nacional de Música enmarcado en el Ciclo de Grandes Intérpretes que organiza la Fundación Scherzo. El repertorio del recital incluye obras de C.P.E. Bach, J. Brahms y L.V. Beethoven.
Zacharias iniciará el programa con la interpretación de la Sonata en la menor y el Rondo en do menor de Carl Philipp Emanuel Bach. Éste fue el segundo hijo de Johann Sebastian Bach, así que no resulta extraño que además de teclista, fuera un experto compositor e intérprete de música para clavicémbalo, clavicordio y órgano. Los expertos destacan en 1001 discos de música clásica que hay que escuchar antes de morir la grabación de las Sonatas para teclado (1742-1744) que realizó el organista holandés Bob van Asperen entre 1977 y 1979.
La siguiente obra que interpretará Zacharias será Klavierstücke, op. 119 de Johannes Brahms. Las Klavierstücke del compositor alemán son “piezas para piano” que consisten en fantasías, intermedios, romanzas, baladas y rapsodias. “Son piezas intensamente personales, con una emoción contenida antes que manifiesta, pero con una agitación interna que frecuentemente sale a la superficie. En estos productos del otoño vital de Brahms no hallamos resignación ni tranquilidad; de hecho, incluso en esta fase experimenta con la forma, el ritmo, incluso con armonías más ambiguas que con piezas que empiezan con una clave y acaban en otra”, apunta la escritora Harriet Smith en 1001 discos de música clásica… Clara Schumann dijo a Brahms sobre el Intermezzo en si menor del op. 119: Es como una perla gris. ¿Las conoce? Es como si estuvieran cubiertas por un velo.
La siguiente obra del repertorio, la Sonata para piano en la bemol mayor, op. 110 de L.V. Beethoven, está especialmente recomendada por los críticos de 1001 discos de música clásica… Beethoven pasó gran parte de 1821, el año en que compuso esta obra, enfermo, y aún así, en noviembre de ese año escribió: Ahora, gracias a Dios, las cosas van mejor y parece que la recuperación de mi salud me animará y podré volver a vivir para mi arte. Muy recomendable la grabación de Emil Gilels de 1985 y la interpretación de Daniel Barenboim que podéis escuchar en este vídeo:
Zacharias cerrará este bello recital con la interpretación de la Sonata en fa menor op. 5 de Johannes Brahms.
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La Sala 1 Pau Casals acogerá esta noche, mañana y el domingo sendos conciertos de la Orquesta Sinfónica de Barcelona y Nacional de Catalunya (OBC) que, bajo la batuta del director Eiji Oue, ofrecerá un recorrido musical con la fantasía como tema central. El repertorio incluye el Caleidoscopio sinfónico de Montsalvatge, la Suite de Candide de Leonard Bernstein y la Sinfonía fantástica de Berlioz. El japonés Eiji Oue conoció a Bernstein en 1978, de quien fue discípulo durante muchos años. Ha sido director de la Orquesta de Minnesota, de la Orquesta Filarmónica de Osaka y de la OBC, aunque fue sucedido en 2010 por el músico asturiano Pablo González.
Me gustaría hacer un pequeño repaso de las obras que se incluyen en el repertorio, empezando por el compositor catalán Xavier Montsalvatge (1912-2002), que fue una de las voces más originales y aventureras que aparecieron en la España del siglo XX. Como se puede leer en 1001 discos de música clásica que hay que escuchar antes de morir, “alcanzó en su vida mucho prestigio como compositor orquestal, y su estilo ecléctico refleja una amplia gama de influencias, que incluyen la música popular de las Antillas, el nacionalismo de sus antepasados catalanes, el impresionismo de Claude Debussy y la provocación de Igor Stravinski”. Caleidoscopio sinfónico, obra ganadora del premio extraordinario de composición del Conservatorio Superior Municipal de Música de Barcelona y estrenada en 1955, muestra la pasión por la danza de su compositor.
A continuación, la OBC interpretará la famosa Candide (1956) de Leonard Bernstein, inspirada en la sátira de Voltaire de 1759. El espectáculo original fracasó en Broadway en su estreno, así que se redujo la partitura y se eliminaron muchos números, cambios que otorgaron el éxito comercial al espectáculo pero que, sin embargo, ensombrecieron la calidad y la variedad de la invención musical de Bernstein. Únicamente al final de la vida de Bernstein una versión final revisada sí la devolvió al público con toda su orquestación y su extensión, y en ese proceso recuperó la seriedad subyacente en el proyecto inicial. Los expertos de 1001 discos de música clásica que hay que escuchar antes de morir recomiendan la grabación del concierto que dirigió el compositor en Londres en 1989 y cuya apertura podéis disfrutar en el siguiente vídeo:
“Todos, incluido Bernstein, se deleitan con la pura y sobresaliente calidad de la partitura… y no sólo cuando es humorística”, subraya Anthony Burton, crítico musical habitual de la BBC en 1001 discos de música clásica…
La Sinfonía fantástica (1830) de Hector Berlioz, obra que cerrará el programa, no solo marcó la llegada de una savia nueva a la música francesa, sino que demostró que, tan solo tres años después de la muerte de Beethoven, estaba naciendo una nueva era romántica: “si tal concepto sirve para ilustrar la imagen del creador torturado que vierte en el arte sus emociones, este es sin duda el caso”. Berlioz subtituló su obra como Episodio en la vida de un artista, lo cual equivale al retrato musical de un hombre sometido al hechizo de la mujer ideal. En su caso fue la actriz shakespeariana Harriet Smithson, una estrella de la escena parisina de finales de la década de 1820, con la que acabaría casándose. Su afán por seducirla incluyó la propia sinfonía, un auténtico vuelo de la imaginación: el autor sueña que asesina a su amada, es guillotinado y vuelve a verla en medio de un aquelarre enviado para atormentarlo.
Os dejo la segunda parte, Un baile, un suntuoso vals interpretado por el Conservatorio superior de música de Aragón:
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El intérprete austríaco Till Fellner ofrecerá el próximo lunes 26 de septiembre un concierto en el Auditorio Nacional de Música enmarcado en la XVI edición del Ciclo de Grandes Intérpretes organizado por la fundación Scherzo. El repertorio incluye obras de J. Haydn, Kit Armstrong, R. Schumann y F. Liszt.
El recital se iniciará con la Sonata do mayor, Hob. XVI:50 de J. Haydn, que se incluye en las Sonatas para teclado que recomiendan los expertos de 1001 discos de música clásica que hay que escuchar antes de morir. En este álbum, producido entre 1979 y 1985 por el sello Philips, Alfred Brendel interpreta las sonatas más destacadas del compositor clasicista. “En las sonatas para teclado, como en el resto de su brillante obra, Haydn embarca sus ideas en un viaje serpenteante y curvilíneo, a menudo impresionante y de gran impacto en cuanto a su naturaleza y emoción”, opina el coleccionista de álbumes y experto en música clásica Colin Anderson en 1001 discos de música clásica… Y continúa: “La devoción de Brendel por Haydn es legendaria. Tiene todas las credenciales para hacer plena justicia a Haydn, llevando a cabo un análisis que descubre tangentes y referencias para iluminar lo que interpreta”.
Una de las piezas clave del concierto será Half of One, Six Dozen of the Other (la mitad de uno, seis docenas del otro), del prodigioso Kit Armstrong (que a los diez años ya había compuesto más de 15 obras), que actualmente estudia con el pianista Alfred Brendel en Londres. Armstrong de hecho compuso esta pieza para Fellner: “Escribí Half of One, Six Dozen of the Other para Till Fellner en 2010. La pieza ofrece unos cuantos retos al oyente y al intérprete, y espero ayudar un poco a la audiencia partiendo de la base de que en la música hay una serie de recursos gramaticales como la armonía, el ritmo y la estructura”.
La siguiente obra que interpretará Fellner es Escenas de niños, op. 15 (1838) de Robert Schumann, también uno de los 1001 discos de música clásica… Las Escenas de niños no fueron escritas para que los niños las interpretaran, sino para capturar diferentes instantáneas de la infancia. Se trata de trece piezas que, en palabras de Schumann a su amigo Carl Reinecke, eran reflexiones de un adulto para otros adultos. Las piezas fueron seleccionadas entre una serie de unas treinta “pequeñas curiosidades” escritas por Schumann a principios de 1838 y ofrecen imágenes de juegos, escenas imaginarias e instantáneas infantiles. Solo un año antes Franz Liszt había empezado a componer Años de peregrinaje (1837-1877), la más rica en “variaciones estilísticas” de todas sus colecciones de música para piano. Fellner concluirá su recital con el Segundo año, Italia, S161, que se centra en obras de arte y literatura (como los Sonetos de Petrarca o el Infierno de Dante). La vida del compositor húngaro fue más excéntrica y hedonista que la de cualquier otro músico del siglo XIX. Fue el gran virtuoso de su tiempo al piano, un showman y un notable compositor, a la vez que un hombre dotado de un indudable atractivo.
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Daniel Barenboim es uno de los compositores más emblemáticos en la utilización de la música como vehículo de conciliación entre los pueblos. No obstante, el violinista de origen lituano Julian Rachlin (Vilnius, 1978) también lleva once años ofreciendo recitales para calmar los ánimos entre los países fruto de la disolución de la Unión Soviética. El festival de cámara Julian Rachlin & Friends se celebra en Dubrovnik desde el año 2000. En esta ocasión, el músico ha invitado a la Filarmónica de Belgrado en la inauguración que tuvo lugar el 27 de agosto. Se trataba de la primera ocasión en la que la orquesta serbia actuaba en la ciudad croata desde el asedio de Dubrovnik durante la guerra de la independencia de Croacia en 1991.
Bajo la batuta de Zubin Metha, la Filarmónica de Belgrado interpretó obras de Mendelssohn, Mozart y Brahms. Esta noche el programa incluye piezas de A. Schnittke, R. Dubugnon, M. Moszkowski, P. De Sarasate y N. Rimsky-Korsakov, y mañana de R. Dubugnon, J. Brahms y A. Schönberg, en los que participa Julian Rachlin al violín y a la viola respectivamente.
Pero el concierto de cámara más interesante tendrá lugar el domingo por la mañana. Bajo el título “Concierto para la gente de Dubrovnik”, cuatro violinistas, un viola, un violonchelista, un bajo y un clavicordio interpretarán obras de J. S. Bach y A. Vivaldi. Hoy me gustaría dedicar especial atención al compositor italiano, uno de los mayores emblemas del Barroco.
Antonio Vivaldi nació en Venecia en 1768 y allí desarrolló la mayor parte de su vida profesional. Se ordenó sacerdote, pero quedó eximido de decir misa debido a una afección pulmonar. Ello no le impidió trabajar como violinista, compositor y profesor. Compuso más de 500 conciertos, muchos de ellos para sus alumnas del orfanato Pio Ospedale della Pietà, y definió la estructura formal que acabó convirtiéndose en norma. El profesor George Pratt recomienda en 1001 discos de música clásica que hay que escuchar antes de morir los doce conciertos L’estro armonico (1711) del compositor italiano. Se trata de una serie concebida en subconjuntos de cuatro: un concierto para cuatro violines antecede a otro para dos, tras el cual hay otro para violín solista; pero, “sobre esta pauta general, se inscribe otra según la cual las obras alternan un tono mayor con otro menor, excepto en el final, donde un tono menor antecede a otro mayor. En aquel momento, la energía, el estilo y la estructura de la música bastaba para merecer el apelativo de concierto, sin necesidad de que un solista se contrapusiera a una gran orquesta”.
El festival se clausurará el próximo jueves 8 de septiembre con una comedia musical concebida por el pianista británico de origen coreano Hyung-ki Joo, que explorará junto a los músicos de Julian Rachlin & Friends el lado humorístico y cómico de la música clásica, muchas veces ignorado.
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